Esta maravillosa entrevista con una ex ministra de Canadá (a mi me ha resultado muy entretenida su personalidad) viene que ni al pelo. Main takeaway... Canadá empezó a explorar los acuerdos con la EU en 2016, cuando el primer mandato de Trump. Siempre ha hecho lo mismo, pero ahora tiene a los republicanos de rodillas.
Minuto 30:21 es divertido y revelador. El Ezra está flipando.
De nuevo Ezra el MEJOR con diferencia abismal contra todos los demás. Interesantes invitados, interesantes preguntas, intersantes temas. Si quieres entender el mundo, hay que escuchar a este pavo. Ah! Y los de moonshots, pero son obviamente unos genuflexos que han empezado a decir "Super Intelligence" y no "AI" como exigió Trump.
Resumen de Opus 5.5
Resumen: Ezra Klein entrevista a Chrystia Freeland
Contexto
Chrystia Freeland fue diputada canadiense entre 2013 y este año. Fue viceprimera ministra, ministra de Finanzas y ministra de Exteriores, y negoció con la primera administración Trump. Acaba de publicar Unreliable Boyfriend («Novio poco fiable»).
El punto de partida: a finales de agosto, el primer ministro Mark Carney abandonó las negociaciones comerciales con EE. UU. Se acerca una fecha límite en enero en la que entrarían en vigor aranceles masivos.
Cómo cambió la relación EE. UU.–Canadá
Una encuesta reciente dice que el 41 % de los canadienses considera a EE. UU. un «país enemigo». Según Pew, más canadienses ven con buenos ojos a China que a EE. UU.
En 2023 era al revés: EE. UU. era aliado y China, adversario. Para Freeland la causa es clara: Trump, los aranceles y las amenazas a la soberanía canadiense.
Ella cree que Trump no ha cambiado: ya intentó lo mismo en su primer mandato. Lo que ha cambiado es que ahora hay menos frenos a su alrededor.
Cómo tratar con Trump
Pone como modelo a Angela Merkel, acostumbrada a lidiar con Putin: tranquila, racional, sin halagos y sin pelear.
Cuenta que, en una cumbre del G7, Trump le tiró unos caramelos a Merkel al salir.
Cree que muchos líderes lo adulan porque lo subestiman: piensan que es más tonto que ellos.
Su lema en las negociaciones de NAFTA: «No escalamos y no cedemos.»
La estrategia comercial de Canadá
Canadá sabe que el conflicto es asimétrico y le dolerá más, pero cree que los canadienses aguantarán.
En 2018 respondieron dólar por dólar y EE. UU. acabó retirando sus aranceles.
Su argumento central es que los aranceles perjudican a los propios estadounidenses. Canadá exporta sobre todo bienes intermedios, como aluminio, madera o potasa, que sirven para fabricar otras cosas.
Sobre el aluminio: «Es básicamente electricidad en forma sólida.» Un arancel del 50 % equivale a encarecer la electricidad. El aluminio que Canadá exporta a EE. UU. contiene la energía de más de 450 centros de datos.
Las represalias se diseñan para hacer el máximo daño político con el mínimo coste propio: productos fáciles de sustituir y fabricados en estados clave. Un ejemplo es la mermelada Smucker’s, de Ohio. Cuando el senador Sherrod Brown le pidió que aflojaran, ella respondió: «Ese es precisamente el objetivo.»
Ya está funcionando: el candidato republicano al Senado por Michigan sale en un anuncio bebiendo cerveza canadiense Labatt y pidiendo el fin de la guerra arancelaria.
Según las encuestas, los estadounidenses apoyan más las represalias de Carney que los aranceles de Trump.
Trump 1 frente a Trump 2
En 2018, Trump llamó a Trudeau, amenazó con destruir la economía canadiense, le pidió que despidiera a Freeland y la llamó «nasty woman». Aun así se llegó a un acuerdo que Trump calificó como «el mejor de la historia».
Entonces ayudaron republicanos independientes como McCain y Grassley, y un equipo que a veces le decía que no.
Klein señala que esta vez el conflicto va menos de comercio y más de dominación y tributo. Freeland coincide. Según ella, la oferta de Washington al mundo es: «o eres vasallo, o te ganas a pulso ser un igual.»
Klein cita una frase del exnegociador Bob Lighthizer: como EE. UU. es 10 veces mayor, debería salirse con la suya 10 veces más a menudo.
Klein añade que Trump ha calculado mal la psicología de los demás. En lugar de ablandar a Canadá, lo ha unido contra él. Carney es hoy el primer ministro más popular de la historia de Canadá.
Nuevas alianzas
Canadá se está acercando comercialmente a China y habla de ser miembro asociado de la UE.
Freeland cuenta que eso ya se comentaba medio en broma en el primer mandato. Lo hablaba con Cecilia Malmström, entonces comisaria europea de Comercio, en clave de El Señor de los Anillos: Washington era Mordor, los europeos eran los elfos, los canadienses los hobbits, y Merkel era Gandalf. Sobre quién era Sauron, deja que lo adivine el oyente.
Pide no bromear con lo de ser el «estado 51»: «No lo tratamos como una broma.»
El gran ganador: China
Freeland cree que el gran logro de EE. UU. tras la Segunda Guerra Mundial fue entender que le convenía tener aliados fuertes y prósperos. Eso es lo que lo diferenciaba de la URSS o de China, que solo tenían vasallos.
Ahora los aliados intentan depender menos de EE. UU. Se lo piensan antes de comprar F-35 y buscan alternativas a Starlink.
Klein cita el Democracy Perception Index, una encuesta en 98 países: EE. UU. es el quinto país peor valorado, justo por delante de Irán, mientras China sale con saldo positivo.
Freeland matiza que no hay que creerse la propaganda china. China rompió el comercio mundial con sobrecapacidad deliberada y castiga a quien la incomoda: a Noruega con el salmón, a Lituania por Taiwán, y a Canadá deteniendo a dos ciudadanos tras el caso Huawei.
La conclusión de ambos: China es «lo que una administración Trump eficaz querría llegar a ser». Es un hegemón depredador, pero predecible. Trump es depredador y además errático.
Riesgo de cleptocracia en EE. UU.
Freeland compara la situación con lo que vio en Rusia en los 90. Los oligarcas creyeron que podrían manejar a Putin, y fue él quien acabó mandando.
Klein no cree que los empresarios estadounidenses piensen que controlan a Trump. Cree que ven en él a alguien con quien se pueden hacer negocios. Advierte que eso crea una dinámica en la que someterse sale a cuenta. Pone como ejemplo a Anthropic: por poner límites al uso de su IA por el Pentágono, se arriesga a quedar fuera de los contratos públicos.
Debaten qué temían las élites. Klein cree que temían al progresismo y la pérdida de estatus social. Freeland añade el interés económico puro: miedo a impuestos y regulación al estilo Warren, Sanders o Lina Khan.
¿Está cambiando la marea?
Freeland ve un posible punto de inflexión en el artículo de Jamie Dimon en el Wall Street Journal del 28 de septiembre. Dimon pedía un gran acuerdo comercial entre EE. UU. y la UE, lo contrario de la política de Trump, aunque sin criticarlo directamente.
Cree que muchos empresarios que donaron a Trump están decepcionados y asustados por la guerra en Irán, el acercamiento a Putin y las guerras comerciales. Las elecciones de mitad de mandato serán clave.
Klein es más escéptico. Para él, la presa se habrá roto cuando alguien diga en voz alta que Trump es «tremendamente corrupto y está dañando los intereses de EE. UU.»
Qué acuerdo sería posible
No hace falta un acuerdo antes del 1 de enero. Basta con abrir una negociación con una tregua en nuevos aranceles.
El acuerdo que ella imagina abarcaría a todos los aliados: reconocer que el comercio mutuo beneficia a todos y coordinar una política común frente a China.
Su deseo es que todas las democracias respondan juntas y dólar por dólar: la UE, México, Japón, Corea del Sur y Australia. También quiere que las empresas estadounidenses, empezando por la industria del automóvil, se hagan oír.
Libros que recomienda
Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin.
El jugador, de Iain M. Banks. Dice que la ciencia ficción ayuda a pensar qué significa ser humano en tiempos de IA y desorden geopolítico.
Book of Lives, las memorias de Margaret Atwood, que según ella cuentan mucho sobre Canadá.
