Y no podíamos inaugurarlo mejor que con el aterrador y fantástico programa de Ezra Klein con Quinn Slobodian, que ha escrito varios libros sobre los ultraliberales-nacionalistas y el bicho y es profesor de la universidad de Boston. Ojo que el programa es ATERRADOR.
Opus 5.5 lo resume. Lo dejo largo porque TODO tiene chicha:
Resumen: Ezra Klein entrevista a Quinn Slobodian sobre Elon Musk y el "muskismo"
Contexto
Quinn Slobodian es profesor de historia internacional en la Universidad de Boston y coautor, con Ben Tarnoff, del libro Muskism. También escribió Hayek's Bastards.
Musk ha donado unos 450 millones de dólares a los republicanos en este ciclo electoral. Es el mayor donante individual de la historia y aporta una cuarta parte de todo lo que ha recaudado el partido.
Klein: "Para Musk, con un patrimonio de alrededor de un billón de dólares, dar 300 o 400 millones es como si un hogar estadounidense medio diera unos cien dólares. Para él no es nada. Y sin embargo, para el resto de nosotros, deforma la realidad."
Klein: "Tiene un poder sobre la riqueza, la atención y la infraestructura crítica que ningún ser humano ha combinado jamás a este nivel." Lo describe como algo casi parecido a un Estado, pero que depende por completo de sus caprichos.
¿Qué está comprando Musk?
Según Slobodian, Musk busca afianzar la dependencia que el mundo ya tiene de él, por tres vías:
Dinero: SpaceX y Tesla pesan tanto en la bolsa y en los fondos de pensiones que atacar a Musk equivale a atacar un pilar de la economía estadounidense.
Máquinas: SpaceX tiene prácticamente el monopolio de los lanzamientos a órbita baja, y Starlink se ha convertido en la red por defecto en los campos de batalla y en las zonas rurales.
Mensaje: la compra de Twitter, que se vendió como uno de los mayores fracasos empresariales, "ha resultado ser bastante eficaz" para crear una cámara de eco a su medida.
Polarizarse tanto es arriesgado, porque un futuro gobierno demócrata podría ver la dependencia de Starlink o de Grok como un peligro. Musk apuesta a dos cosas: que su peso económico ate de manos a cualquier gobierno, y que los partidos ultras acaben ganando y él quede en la pole position.
Slobodian ve a la AfD o a Restore Britain como "los Tesla de la política": partidos que surgen de la nada para destruir a los partidos tradicionales.
Su visión de la IA
En una entrevista con The Economist, Musk dijo que en 10 años es poco probable que los humanos sigan al mando: "Si la diferencia de inteligencia entre la IA y los humanos es mucho mayor que la que hay entre la IA y los chimpancés, cuesta imaginar que los chimpancés estuvieran al mando."
Su idea de seguridad en la IA es que sea "buscadora de la verdad y curiosa". Es decir, una IA a la que le resulte más entretenido tenernos cerca que no tenernos.
Su postura ha pasado por tres fases:
2015: miedo a una superinteligencia descontrolada, bajo la influencia de Nick Bostrom. Funda OpenAI para frenar.
Neuralink: fusionarnos con la tecnología para no quedarnos atrás. Klein lo resume así: "Tenemos que convertirnos en los robots para que los robots no nos destruyan."
Desde ChatGPT (noviembre de 2022): el enemigo pasa a ser la "IA woke". Musk llegó a decir que temía que lo convirtieran en "una mujer de color". Su respuesta fue crear xAI y Grok como IA "anti-woke".
El giro a la derecha
El Musk de 2012 era pro-Obama y se benefició de un préstamo de casi 500 millones del Departamento de Energía.
Con Biden, que apostaba por los sindicatos, Musk no fue invitado a la cumbre de vehículos eléctricos. Klein lo compara con la humillación de Trump en la cena de corresponsales: "Si no te gusto, que te den. Me monto mi propio club."
Durante el COVID, su tuit "el pánico por el coronavirus es estúpido" fue el primero en superar el millón de likes. Reabrió la fábrica de Fremont saltándose las órdenes de California y no le pasó nada.
Slobodian sostiene que lo que parece "podredumbre cerebral" en redes coincide a menudo con subidas en sus acciones: "La polarización, lejos de ser un obstáculo para su modelo de acumulación, es un acelerante."
De 39.000 millones a un billón en seis años
En 2020 tenía el 4 % de lo que tiene hoy. No fue por los beneficios de sus empresas, sino por lo que el libro llama "fabulismo financiero": vender la promesa de ingresos futuros casi infinitos.
Aun así, Klein insiste en no caer en el error de pensar que la gente que no nos gusta no es impresionante: "Lo que ha construido es increíble. Y es real." Slobodian coincide en que no es solo un capitalista de amiguetes. Por ejemplo, se adelantó a la desglobalización fabricando casi todo en casa.
La "economía cuasi infinita"
Musk lo describe así: "Necesitas los actuadores en forma de robots humanoides… muchos bots, en resumen… y con enormes cantidades de robots y de inteligencia digital tienes una economía cuasi infinita."
Su plan es unificar todo bajo un mismo paraguas. xAI absorbió X, SpaceX absorbió xAI, y ahora quiere fusionar Tesla con SpaceX, lo que sería la mayor fusión de la historia.
Pero su aire de invulnerabilidad es en parte puro teatro. El riesgo número uno en el folleto de SpaceX es la legislación nacional.
El "virus mental woke"
El concepto viene de Richard Dawkins, que acuñó tanto "meme" como "virus de la mente". Para Musk, las ideologías son como virus informáticos que se propagan por la red.
Si el "virus woke" creó una coalición en su contra, él necesita propagar el antivirus. X funciona como una "máquina de virus mentales" que él también llama "verdad".
Un ejemplo: el político ultra británico Rupert Lowe ganó miles de libras en X con un tuit sobre la incompatibilidad de los musulmanes con la civilización británica.
Musk está obsesionado con la saga Fundación de Asimov. Su hijo más reciente se llama Seldon, como el matemático que manipula el presente para salvar la civilización.
La "empatía suicida"
Musk en el podcast de Rogan: "La debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía. El exploit de la empatía. Están explotando un bug de la civilización occidental."
Según Slobodian, esto es un tema clásico de la ultraderecha europea sobre inmigración y refugiados, y está en el centro de sus llamadas a la "remigración".
En el fondo, Musk ve el orden social como un problema de programación: "Los intentos de cambiar el código no se interpretan como una oportunidad de consenso, sino como contaminación que hay que eliminar."
La influencia de Sudáfrica
Slobodian advierte que es una interpretación, aunque "no un salto muy grande". Crecer como minoría privilegiada en el apartheid refuerza la idea de personajes jugadores y NPCs.
Henry Ford era antisemita y antisindical, pero el fordismo acabó trayendo convenios colectivos y Estado del bienestar. Slobodian se pregunta: "¿Cuál es el contrato social que propone Musk? ¿Dónde están sus bibliotecas Carnegie?"
La Fundación Musk está entre las 10 mejor dotadas de EE. UU., pero suele incumplir el mínimo del 5 % de gasto obligatorio. Y cuando gasta, se lo da a una escuela pensada para los hijos de sus empleados.
"Si la empatía es un virus mental woke, la Fundación Gates está completamente infectada."
Jerarquías e IQ
Hayek's Bastards explica cómo, tras la Guerra Fría, los neoliberales cambiaron "el enemigo rojo por uno verde" (el clima) y se aliaron con nacionalistas culturales. La AfD, fundada por economistas, es un buen ejemplo.
La idea que los une es que la naturaleza es desigual y negarlo lleva al desastre.
Lo nuevo hoy es que, si la IA automatiza casi todo el trabajo intelectual, "la IA se ha comido el IQ". Se pasa de una élite cognitiva a una "superaristocracia cognitiva hipermínima".
Klein lo resume como una visión coherente pero inquietante: lo único que importa es "quién o qué tiene la capacidad de ser personaje principal".
El abuelo materno de Musk, Joshua Haldeman, militó en Technocracy Inc., que proponía abolir los precios y la democracia y que gobernara una pequeña élite de ingenieros. Slobodian aclara que no hay pruebas de que influyera en Musk.
Musk no tiene plan de sucesión: controla el 85 % de los votos de SpaceX.
¿Cómo vende un futuro en el que casi nadie pasa el filtro? Con "guiones gastados de etnonacionalismo": que tengas miedo del extranjero y creas que necesitas su tecnología para salvar a tu familia.
Musk y Trump
Klein cree que Musk vio en Trump "el retorno de la voluntad masculina a la política": el constructor, el superhombre de Ayn Rand. Por eso su visión del futuro no asusta a muchos de sus fans: "Al menos no le tiene miedo al futuro."
Slobodian añade que esto funciona como un basilisco de Roko: cuanto más cerca estés de él, más probable es que pases el filtro.
¿Qué se puede hacer? Regular, reemplazar, reimaginar
En Europa se debate con más pragmatismo que en EE. UU. Hay tres vías: regular (la que sigue la UE), reemplazar (cara) y reimaginar para qué sirve esta tecnología.
La idea de que la IA es inevitable no es cierta. Hay cientos de moratorias frenando la construcción de centros de datos.
Paul Krugman ya habla de nacionalizar Starlink con la Ley de Producción de Defensa, algo impensable hace pocos años.
La contraofensiva de Musk es regalar una acción de SpaceX a cada niño estadounidense a través de las "cuentas Trump". Con eso, alrededor del 50 % de la población tendría intereses en sus empresas: "¿De verdad quieres hacerle daño a tu hijo castigándome a mí?"
Entre los grandes accionistas de SpaceX están el fondo de pensiones de los profesores de Ontario, Harvard y la Universidad de Carolina del Norte.
El final: la teoría de la simulación
Musk dice que hay un 50 % de probabilidades de que vivamos en una simulación: "Si eres yo, piensas: ¿de verdad deberían estar pasando todas estas cosas? ¿Debería estar construyendo naves para ir a la Luna y a Marte? Eso no parece real."
Slobodian cita al economista Robin Hanson, que se preguntó cómo habría que comportarse si viviéramos en una simulación. Su respuesta: no preocuparse por los demás (la ayuda exterior y el Estado del bienestar serían frívolos), ser lo más entretenido posible y acumular toda la riqueza que se pueda.
Conclusión de Slobodian: es una "reafirmación nihilista de su megalomanía", y hay que quitarle los apoyos que la sostienen.
Libros recomendados
Extraction: The Frontiers of Green Capitalism, de Thea Riofrancos
Silicon Empires, de Nick Srnicek
Against Technoligarchy, de JS Tan y Clarissa Redwine
