← Editorial

Mercaderes de niebla, vendedores de humo

SpaceX ha completado el mayor IPO de la historia, 75 mil millones de dólares.

Editorial HDLGP·

Mercaderes de niebla, vendedores de humo

Como todos saben ya, la noticia de esta semana será que SpaceX ha completado el mayor IPO de la historia, 75 mil millones de dólares captados en una sola sesión, un récord que será difícil de superar. La BBC lo contaba con esa sobriedad anglosajona que a veces suena más dramática que cualquier adjetivo: Elon Musk's rocket and artificial intelligence company. Punto. Como si dijera "la tienda de ultramarinos de la esquina". No está nada mal para un lunes, ¿verdad?

Pero luego llegó el martes. Hoy. Las acciones, ofrecidas a 135$, cerraron a 161$, luego treparon hasta 192$, de modo que en algún momento de esa jornada —entre una pantalla de Bloomberg y la siguiente— SpaceX llegó a valer 2,5 billones de dólares y, en el proceso, Musk se convirtió en el primer billonario de la historia. En redes, alguien con demasiado tiempo libre produjo un gráfico donde la capitalización de SpaceX ocupaba exactamente la misma superficie que las otras noventa y cuatro empresas aeroespaciales del mundo, juntas: Boeing, Airbus, RTX, Safran, Honeywell, Rolls-Royce, y una cola de nombres que se iban volviendo más pequeños hacia la esquina inferior derecha, como en un mapa de imperios en declive.

Ese gráfico, claro, me trajo recuerdos. Quizá no deba mencionarlo, fue en la Holanda del siglo XVII —y pido disculpas por la referencia porque es la más trillada del periodismo financiero, pero tiene la ventaja de ser verdadera—, en que los bulbos de tulipán llegaron a valer más que casas enteras, que navíos, que fortunas acumuladas en generaciones. El mecanismo fue sencillo: alguien pagó más de lo razonable, otro vio que podía revenderlo aún más caro, y de repente todo el mundo compraba papeles que representaban bulbos que representaban expectativas que representaban nada en particular salvo la certeza de que el siguiente comprador pagaría todavía más. Como el comprador marginal infinito no existe, inevitablemente llega cuando la certeza se difunina, de golpe, como se rompen las cosas que no tienen otra estructura que la confianza colectiva.

¿Saben por qué no oyen hablar de tulipanes abiertamente? No es porque es de mal gusto (que lo es), sino porque aquí tenemos Starlink, no bulbos, y Starlink es otra cosa.

El edificio SpaceX no está hecho de una sola planta, sino de tres, que tienen densidades muy distintas aunque desde fuera parezcan el mismo bloque.

  • Está el suelo sólido, Starlink: 11.400 millones de dólares en ingresos en 2025, 4.400 millones en beneficios operativos, 10 millones de suscriptores en 160 países y un crecimiento interanual del 48%. Aquí no hay niebla: es un negocio real, con márgenes tangibles y una ventaja competitiva que sus rivales aún no han igualado.

  • Está lo que se promete, Starship: operativa a escala, contratos de defensa en expansión y la fusión con xAI como puerta al mercado de la nube. Eso sí, con un detalle incómodo: en los primeros tres trimestres de 2025, xAI quemó 9.500 millones de dólares... con ingresos de solo 210 millones. En la práctica, Starlink está financiando los sueños de su hermano menor.

  • Y está lo que se imagina, "la niebla": aquí la diferencia no es de grado sino de naturaleza, es donde viven los centros de datos orbitales, las bases lunares autónomas o la colonia marciana, mencionados en el documento S-1 (el prospecto de salida a bolsa) con la misma seriedad que los riesgos regulatorios o la competencia de Amazon Kuiper. Como si todo perteneciera al mismo plano de realidad.

En resumen; es un suelo sólido, un segundo piso habitable aunque con goteras, y un ático desde el que se ve un paisaje que, de momento, solo existe en la imaginación.

Hay una manera de hablar de centros de datos en órbita baja que suena perfectamente razonable —latencia reducida, cobertura global, soberanía de datos fuera de jurisdicción terrestre—, pero no es la que suele usar Musk, al menos no en esta IPO, donde parece que estemos más ante un relato candidato a un premio Nébula o Locus.

El problema de esta otra manera de hablar de lo que promete SpaceX es que tiene que soportar una cotización 130 veces los ingresos actuales, y eso no es un número, es un acto de fe. Cuando, pongamos de ejemplo a Lois McMaster Bujold, nos describe sus imperios interestelares, lo hace con esa mezcla de lógica despiadada y fragilidad humana, como si cada engranaje del sistema supiera que, en el fondo, todo depende de un error, de un mal cálculo, de un momento de duda. En su universo, las estaciones espaciales funcionan, los robots obedecen y los plazos se cumplen… porque ella lo ha decidido así.

En definitiva, lo de hoy es apostar a que el universo se comportará como una novela de Bujold: que Starship despegue a tiempo, que xAI encuentre su modelo de negocio antes de devorar los beneficios de Starlink, que Amazon Kuiper no consiga esos dos o tres millones de suscriptores que bastarían para torcer el argumento. En la ficción, cuando el héroe está a punto de ahogarse, la autora puede hacer aparecer el elemento salvador. En el Nasdaq, el deus ex machina quizá salga a escena el próximo martes o quizá no. Pero es tentador creer que la realidad imitará a la ficción, ¿no es cierto?

Lo cual no quiere decir que nadie tenga interés en que la narración decaiga, al contrario, hay muchos que quieren apuntalar el cuento.

Goldman Sachs, Bank of America y JPMorgan cobraron las comisiones más grandes de su historia en este IPO, de modo que su incentivo para sostener el precio —a través del análisis, del flujo de noticias, del ejercicio en pleno del greenshoe— es perfectamente racional y perfectamente legítimo y no necesita ninguna conspiración para funcionar. Los fondos de capital riesgo que entraron cuando la empresa valía 74 mil millones han salido forrados y necesitan justificar ante sus propios inversores que el precio era razonable, lo cual exige que el precio siga siéndolo. Musk posee acciones clase B con diez votos cada una y su riqueza depende directamente de que la cotización se mantenga, lo que lo convierte, de alguna manera, en el narrador principal de su propia novela. Los analistas que emitieron recomendaciones de compra antes del IPO no tienen, en términos estrictamente profesionales, ningún incentivo para retractarse antes de que transcurra al menos un ciclo de resultados.

También tenemos críticas, claro que las hay. Morningstar valoró la empresa en 780 mil millones —menos de la mitad del precio de salida— y habló de "destrucción de valor material". Otros analistas, menos institucionales pero no menos rigurosos, calificaron el documento de salida a bolsa de "alucinatorio y en el límite de la deshonestidad". Voces serias, con argumentos que resisten el escrutinio, pero que funcionan en este momento exactamente como Casandra funcionó en Troya —aunque esto es material para otra historia.

Scott Galloway sugiere que en los próximos 12-24 meses una o dos de las grandes empresas de este ciclo podrían caer entre un 60-80%. Porque hay otros nombres en esta lista de IPOs desbocadas, solo que hoy, no toca hablar de ellos, sino preguntarnos si estamos ante el futuro de la humanidad en el espacio... o ante la mayor burbuja financiera de la historia. El tiempo lo dirá. Mientras tanto, el mercado sigue comprando entradas para el espectáculo.