vengo de echar unas risas en TE
el jesuita ha cazado a un "spammer" y le ha metido un chorreo que le ha dejado tiritando
lo mismo el tal "spammer" es víctima del verdadero "spammer" (o metemierda en traducción libre), porque la cosa iba de que una amiga...
para situaros (y no tengáis que leer los 4 post anteriores, donde se cruzan un poco acusaciones de "spam" y tal), uno ha contado una historia de "amiga" que alquila a empresa su pisazo por un pastizal, pero para que ésta empresa subarriende a su vez... la movida es que la "amiga" cobra estando el piso subarrendado o no... y esto era un poco el "bombazo"
el jesuita se ha olido la tostada, le ha sondeao un poco y al final ha escrito esto:
https://www.transicionestructural.net/index.php?PHPSESSID=vik8e4fgpudpt9rr17vsfsc3r1&topic=2589.msg213185#msg213185
la empresa en cuestión es "blueground", que te alquila tu pisazo para "hotelizarlo"
según ppcc:
— unicornio, es decir, reciente creación y fulgurante aumento de «valor» (fondo de comercio no contabilizado, porque activos, poco, y pasivos, mucho), eso sí, con la vista puesta en cotizar en Bolsa para ser vendida por una millonada a tontilocos de los pisitos.
y es curioso que justo cuando aparece en el foro la "historia", meten en prensa un "artículo" sobre "blueground"
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que es lo que el jesuita despelleja sin piedad:
copipasteo por si no queréis ir a TE
[BLUEGROUND.- Se trata de una empresa dedicada a la gestión cuasihotelera de viviendas amuebladas por ellos (estandarizadas, por tanto), que farda de:
— prop-tech,
— «americana» (más bien, turca) y
— unicornio, es decir, reciente creación y fulgurante aumento de «valor» (fondo de comercio no contabilizado, porque activos, poco, y pasivos, mucho), eso sí, con la vista puesta en cotizar en Bolsa para ser vendida por una millonada a tontilocos de los pisitos.
En negocio se fundamenta en que el propietario cree que alquila, pero en realidad es metamorfoseado, con una retórica engañosa, en pseudohotelero. Si la LAU es hotelizadora, excuso decirte esto.
https://www.pressreader.com/spain/expansion-primera-ed/20230404/281994676759566
Información de ¡ayer!, 04/04/2023 (qué curioso).
Leemos:
— «Antes de unirse a Blueground, el director general de Blueground en Madrid fue regional manager para Europa en Cabify». ¡Toma del frasco!
— «El negocio funciona de la siguiente manera: Blueground firma un acuerdo de alquiler a siete años con un propietario, al que garantiza una rentabilidad de entre el 3% y el 4% y sin riesgos. La empresa se encarga de todas las gestiones con los inquilinos. Al séptimo año el piso se devuelve impecable». Este es la primera patraña. No se trata de un 'acuerdo de alquiler', sino de un 'acuerdo de gestión de un pseudoalquiler atípico' por el que el propietario (que será, finalmente, el pseudoarrendador atípico) cede durante 7 años a Blueground la exclusiva del derecho a gestionar el pseudoarriendo cuasihotelero, cesión que, lógicamente tiene un precio, precio que no es ninguna renta de alquiler, sino entre el 21 y el 28% (3x7 y 4x7, respectivamente) del valor al que tasen la vivienda, pero que es pagadero 'de aquella manera', en principio, por mensualidades, pero nos jugamos el cuello a que alguna cláusula hay que exonera del pago si no hay bicho (no es, para nada, unusufructo: el titular es a todos los efectos legales es el propietario, no el supuesto usufructuario, que en realidad es un gestor pseudohotelero de hotel ajeno... ¡en exclusiva durante 7 años!). Blueground apuesta por que alquilar, en 7 años, subirá mucho más de lo que le cuesta honrar el precio pagado. Muy arriesgado, pero si falla lo pagarán los accionistas, porque el objetivo es sacar el montaje a Bolsa. Muy desesperado lo veo. 'Paquepique' el propietario primo —aparte de endulzarle el oído con el sintagma 'prop tech'—, este precio, teóricamente, debiera estar correlacionado con la renta neta del 'alquiler' aparente en la que se planta el propietario durante 7 años (como en el juego de cartas de las 7... y media), renta neta no realmente existente, sino teórica; pero nosotros sabemos que este tipo de rentas y las matemáticas financieras se llevan fatal porque el 'alea' es demasiado grande. De ahí tanto embrollo conceptual con pagos diferidos, que si te quedas o no con los muebles, suministros valorados a tanto alzado, pagos anticipados, periodo de carencia, etc. Se ve aquí que el 'valor' del unicornio está en trincar la gestión solo viviendas carísimas ('desnatado' del mercado), algo en lo que Engel & Volkers es especialista. Blueground paga por la exclusiva de hacer y deshacer en el alquiler de viviendas carísimas, algo que es cultural en Engel & Volkers. Blueground es un Engel & Volkers del alquiler. El problema es que el bucle vendo-alquilo hace que tengan los mismos clientes. Las dos empresas, también, para funcionar bien, tienen que aparecer lo mínimo a efectos legales en la relación jurídica de referencia porque, como los contratos son atípicos, los líos legales pueden ser de campeonato. Si se os cruzan alguna vez, tanto si sois vendedor o arrendador, como si sois comprador o inquilino, debéis extremar el rigor formal de toda la documentación, empezando por el primer papel que os querrán hacer firmar, que estará lleno de compromisos para ti, innecesarios y gratuitos, pero ninguno para ellos. Desde el minuto cero, preguntadles cuánto y cómo van cobrar por sus servicios (en el inmobiliario no existe intermediación propiamente dicha, existe agencia: trabajan para una sola de las partes, el dueño del negocio). No habléis de nada importante hasta que no os contesten cuánto y cómo os cobrarán sus carísimos servicios. Tratadlos como lo que son: profesionales. No firméis nunca nada sin pedir un mínimo de 48 horas de lectura detenida; hacedlo en todo, incluso ante el notario. Nada de trágalas.
— «A través de Airbnb, Idealista o su propia web, Blueground subarrienda la vivienda, nunca menos de un mes, siendo la estancia media de cuatro a seis meses». Esto es otra patraña y gorda: Blueground no es arrendataria, luego no puede ser subarrendadora. Solo es gestora de un pseudoarriendo, de un cuasihotel. El 'arrendador', en cualquier caso, sería el propietario, solo que no cobra una renta de alquiler propiamente dicha, sino algo que se le parece. Repetimos, es un contrato atípico más cerca de la relación hotel-cliente que del arrendamiento. Es un inmenso enredo, como siempre pasa cuando hay cosas no del todo confesables —en este caso es la indefensión— y problemas serios (penales) cuando algo se tuerce.
— Atención: «Desde que firman con el arrendador hasta que el piso se pone en alquiler, apenas transcurre una semana». Falso de toda falsedad, no por el hecho material en sí, sino por la calificación jurídica que se da. Lo importante, no obstante, es que los pseudoinquilinos, clientes supramensuales pero infrasemestrales, con quien 'firman' es con el pseudoarrendador, es decir, el propietario, no con Blueground.
— Seguimos leyendo la parte cómica: «Aquí es dónde entra la tecnología. Tenemos un equipo de decoradores e interioristas centralizado en Turquía (ja, ja, ja, ¿no eran 'americanos'?) a quienes mandamos un vídeo en 3D (ja, ja, ja) y allí definen los 650 items (ja, ja, ja) que va a llevar el piso, desde el color de la pared a la mesa. Al tercer día, ya tenemos el material —que también fabrican en Turquía— (ja, ja, ja) y en cinco días ya está en la vivienda». Bueno, aquí está claro lo que pasa: precios de transferencia fuera de UE. Atención, señores, porque esto es 'high tech'... ¡650 items!, ¡¡¡650!!!, y ¡¡¡en 3D!!!, para definir el color de las paredes y del merdolino:
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Merdolino azul y blanco 'proctology high tech' o, simplemente, 'proct tech'
— Insisten en la mistificación con conceptos propios del arrendamiento de vivienda: «Una vez arrendada, normalmente apenas unos días después a través de la app de la compañía, el inquilino recibe todas las instrucciones de cómo acceder a la vivienda, las amenities (ja, ja, ja, hay productos de pequeño formato de hoteles para que los huéspedes se den gustillo, como el peine de plástico, la cinta de celofán en la tapa del retrete, la minibotellita de DYC y el supositorio de glicerina... turca, por supuesto), información de dónde dejar la basura (superimportante en toda 'proct tech'... esas bacterias en supositorios usados), cosas que suelen resultar muy estresantes al inquilino (ja, ja, ja, qué nervios da... ¡y sin servicio de habitaciones!), pero que gracias a la tecnología hacen que sean algo sencillo. Es un modelo a escala bestial, donde somos extremadamente rápidos y eficientes en la gestión». Es que parece que está escrito de cachondeo, señoras, señores. ¡Qué vergüenza ajena, por Dios, perdón, por Al'la, que son turcos!
— «A nivel global, Blueground cuenta con 12.000 casas en 30 ciudades». Es decir, cuenta con unos pocos miles de propietarios que le han cedido en exclusiva la gestión hotelera de media duración de su tesoro. O sea, que es un unicorniito de la señorita Pepis.
— Atención al target: «Se dirigen sobre todo a directivos, gerentes, emprendedores y nómadas digitales que no encuentran soluciones habitacionales para esta nueva forma de vivir, a quienes el alquiler tradicional no les sirve. Y es que la temporalidad es muy difícil de gestionar». Pero no les va tan bien: «En mercados maduros el cliente corporativo representa en torno al 30%». ¡A los pobres, que les den!
En suma, Blueground es una empresa hotelera difusa en la que las habitaciones pertenecen a terceros y el diseño es turco o de otro país, pero lavado del origen en Turquía. La causa del contrato que el propietario firma con ellos no es la de los contratos de arrendamiento. Es otra atípica resultado de una imposible financierización. Por ello, evidentemente, el propietario tiene que soportar la repercusión de IVA (si no, Hacienda liquidaría con sanción a Blueground) y declarar sus ingresos, a efectos del IRPF, como ingresos irregulares (periodo de generación: 7 años) de actividades económicas mixtas y atípicas, pero desde luego, jamás en el capítulo de Rendimientos del Capital Inmobiliario, por lo que no pueden acogerse a la lenidad fiscal que hay en esta materia. O son no declarantes o mucho tienen que ganar para que les salga a cuenta, nos tememos. ¡Con lo fácil que hacerlo todo bien en un país pisitófilo hasta la médula!
Finalmente, no puede disimularse que no hay denominador común con el timo del tocomocho. Desde luego es una membrillada dejar que alguien te prohíba arrendar. No obstante, no es tan estafa como pensaba esta mañana. Lo que sí es verdad es que la retórica es falsa. ¡Que se jodan los usureros y apechuguen con esta fauna!
Finalmente, qué rara es la conexión entre Engel & Volkers y Blueground.
Todo esto pasa porque estamos al final de la burbuja popularcapitalista, con los propietarios aterrorizados (recuerden las cinco fases del miedo: temor, miedo, horror, terror y pánico).
Me ha resultado muy curioso que Blueground prometa que la vivienda dada en gestión estará libre de ocupas. He pensado en el deporte nacional turco: yağlı güreş.
Ahora sí, me olvido para siempre de este siniestro asunto. Ni un segundo más de mi vida en él.
Eso sí, si no conocen Turquía, no se la pierdan. Jueguen a estar en Europa y Asia en el mismo día. Recuerden que San Pablo era de allí (Tarso de Cilicia). Asistan a una ceremonia completa de derviches giróvagos (el giro es como desenroscar, antihorario, como en La Meca y como la svástica mala). Pero vayan a hoteles de verdad, no a alojamientos aburridísimos como el que analizamos hoy aquí. En los muros del Palacio Topkapi hay un hotel que son todas las casas otomanas de la calle. Se llama Ayasofya Hotel —la otra acera es Santa Sofía—. No se pierdan despertar ahí y desayunar en el jardín. Si coincide con el ramadán, mejor que mejor, pero siendo conscientes de que Constantinopla era cristiana. Por cierto, esos muros salen en 'Così fan tutte'. Y no olviden que la presión turca histórica está detrás de la manquedad de Cervantes.]